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El fin de algo que no empezó

Poco a poco, su ansia de sed fue desapareciendo, no por regocijo de hidratación, sino por perdida de fuerza en su dolorido cuerpo. El muro, frío y quebradizo, le servía de recuerdo constante para comprender que jamás desaparecería aquella sensación. Una voz, lejana y apenas entendible, era la única compañía tras aquellas piedras, y una sensación de ahogo por la añoranza del tacto la abrazaba en su soledad. No quedaban mas pasos para ella... T
La brecha se abrió y sangró,  y nadie dudó de ello.  La herida nunca había cicatrizado,  y la pudredumbre había hecho mella en ella,  dejándola más débil de lo que nunca imaginó.  Nadie le enseño a curarse las heridas,  aunque mil veces le advirtieron de sus consecuencias.  Nadie se preocupó por desinfectar aquella grieta que se hacía más grande cada vez que llovía. Nadie,  ni siquiera ella... 
La muralla, que siempre se había erigido ante ella grandiosa y victoriosa,  había dejado caer fragmentos de sus sólidos muros. Algunos rayos de sol,  débiles y tímidos,  se asomaban a través de sus grietas para dejar evidente su maltrecho estado. Al mirarlo con otra perspectiva,  se dio cuenta de la maleza que rodeaba aquella construcción, volviendola débil.  ¿Tal vez ella regó algunas de esas ramas? ¿Era hora de reconstruir sus piezas o de dejar ver lo que sus ladrillos escondían?

Una taza fría

Unos ojos incapaces de expresar lo que sentían buscaban en el infinito la respuesta que ya tenían,  aunque su naturaleza salvaje les impulsase a dar tienda suelta a sus deseos... Y entonces una daga se le clavo en el corazón,  recordándole aquello que no quería saber,  y un dolor punzante saco las lágrimas que había prometido guardar. Curioso el destino,  cruzando caminos sesgados de grietas,  tropiezos y esquivo.  Curiosa la vida,  dando razones que el corazón no quiere comprender.

La lista.

Aquellos pies no volvieron a pisar esa estancia tan peculiar, pero el corazón se quedó como testigo para describir a la perfección cada rincón de sus librerías, culminantes de páginas que fueron testigos de una gran historia de pasión, tan llena de amor que nunca llegó a fraguar. Un vestido naranja iluminaba cada paso, y unas manos traviesas buscaban recodos entre las telas, logrando dejar la curiosidad en un segundo lugar, y plasmando en su piel el recuerdo imborrable de unos labios en su espalda. El recuerdo no lo olvida por el erotismo que desprendió cada letra que fue testigo, a pesar de ser, sin más, una más en su lista por tachar.

Se cerró...

Entre tantos sentimientos desordenados costaba distinguir la realidad de lo que pasó. No todo fue bueno, no todo era positivo. Al tocar aquellos momentos magicos, éstos se desintegraban en sus manos como si de humo se tratase, y dejaban al descubierto emociones oscuras, llenas de rabia y dolor. Aquellos fragmentos de memoria no se desintegraban, sino que se aferraban a los dedos de la niña, haciendole recordar por qué aquel baul estaba cerrado bajo llave. La angustia la abrazo, la derrumbo, y le mostró su peor cara... Con desesperación volvió a cerrar aquel baul, dejando en su interior todo aquello que nunca debió de salir. Se sentó sobre la tapa, y esperó... Tenia que volver a cerrarlo, todo tenía un porqué, y aquellos sentimientos le hicieron sentir más dolor qué alegría. La figura de la puerta era difusa, casi traslúcida. La claridad de su presencia se desvaneció, y la cerradura calló al suelo...

Tu baúl...

El baúl se abrio, y nadie le dio permiso ¿Fue una ráfaga de viento? ¿Fue un golpe de suerte? El baúl se rompio. ¿Dónde quedó la cerradura? A los pies de la niña se derramo el contenido del baúl. Inundó el cuarto y mojó sus ropajes. La dejó fría, intranquila, miedosa, sensible ... ¿Cómo recogía nuevamente todo aquello? Una silueta la miraba desde la puerta. En sus manos la cerradura de aquel baúl tintineaba, brillante y victoriosa, feliz de volver a dar rienda suelta a todo aquello que siempre habia encerrado. Su piel disfrutó de la suavidad de aquellos sentimientos. "Zink...?" "Sigo aquí, siempre he estado aquí" "Zink... ¿Que ha pasado? ¿He dormido? ¿He soñado?" " Has vivido..."

La princesa de alguien

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Y entonces, alguien te ve como a una princesa, y aunque tu jamás te imaginaste como tal, te lo crees por un instante. Por un instante crees que es posible ser una princesa de belleza infinita, capaz de hacer suspirar con cada paso que das al inventor de tal termino tan mal aplicado. Por un instante, te crees habitante de un deslumbrante castillo que nunca existió, gobernando un reino que nunca llegó a construirse. Por un instante tu mente divaga por los rincones de la imaginación, creando recuerdos inventados e ilusiones efímeras... Por un instante, vuelves a la realidad para ver tu verdadero ser. Un ser maltrecho, inseguro y torpe que habita dentro de ti. Un ser que solamente expone al mundo una forma imperfecta de ver las cosas, que busca cobijarse entre las sombras y sonreír a la nada para fingir. Un ser que quemó aquellas ideas con el fin de enterrar las cecinas ardientes. Un ser nuevo. Y por un sólo instante, la corona se cayó a tus pies...

Una pared blanca.

El tiempo a veces llega a ser ambiguo y escurridizo, tanto como para no poder agarrarlo, tanto como para perderlo... La única señal que quedaba en aquel cuarto que indicase que el tiempo había pasado e ra la estela de polvo que se había posado sobre los objetos de la habitación. En su rincón, una pequeña niña estaba acurrucada abrazándose las piernas y escondiendo la mirada del mundo. Sus lagrimas habían mojado su ropa y habían dejado un surco sobre sus mejillas, como si de gotas de mar salada se tratasen. El tiempo la había consumido en pensamientos inertes que apenas la dejaban moverse, provocando en aquella pequeña chica una sensación de desapego con el mundo. Dejó de ser quien era para encerrarse en aquella habitación oscura, donde el tiempo pasaba pero no le afectaba. En muchas ocasiones pensó en salir, o simplemente en abrir la puerta hacia el mundo exterior, pero un temor interior se lo impedía. Cómo si se tratase de un parásito interno, la impotencia se hacía presa d...

Volviendo a ser la niña.

Las puertas rechinaron al abrirse de nuevo. Aquella habitación se presentaba en un extraño momento inerte, cómo si lo único que hubiese pasado por ella fueran los años y el polvo, pero sin hacer mella en los sentimientos que, hace años, se guardaron en ella. Aunque la oscuridad parecía haber devorado cada rincón de la estancia, un pequeño farol alumbraba, de manera tímidamente,con una tenue luz azúl. Los pasos de la que fue una niña rompieron el silencio. Sus ojos, que una vez fueron puros, rompieron en miles de lágrimas que cayeron de manera violenta sobre la superficie polvorienta, creando pequeños surcos de claridad en un suelo lleno de inseguridades que ella misma creía perdidas. El aroma de la sala aún se conservaba intacto, como si la hubiera estado esperando...cómo si aquella sala se hubiera negado a permanecer cerrada, sabiendo que volvería a albergar a aquel corazón lleno de dudas y dolor. Al fondo del lugar, escondido de miradas indiscretas, se encontraba aquel baúl cer...